| ¿No te has descubierto a ti mismo/a en algún momento más tenso de lo normal ‘sin saber por qué’? ¿O sufres de manera crónica estos problemas? Todo forma parte de un lenguaje corporal y los músculos son un clásico ejemplo de vías expresión del ser acerca de la salud o el malestar psicoemocional. |
En algunos de nuestros post anteriores de ‘Mensajes del Alma’, hemos abordado el complejo pero maravilloso universo del lenguaje corporal, así como de los distintas señales que emiten las dimensiones psicológicas y emocionales de nuestro ser a través de los distintos síntomas y padecimientos físicos más comunes. En el caso de los músculos, son uno de los principales determinantes de esta manifestación silenciosa de nuestro ser.
Qué son los músculos
Los músculos son tejidos blandos presentes en la mayoría de los animales en su extensión corporal, capaces de elongarse y contraerse, haciendo posible el movimiento tanto voluntario como involuntario vegetativo del organismo (Ej. los latidos del corazón), y éstos a su vez, se encuentran unidos a los huesos a través de los tendones. Ellos también permiten el mantenernos erguidos, el equilibrio, y el realizar actividades de fuerza y potencia que requieran mover cosas más allá de nuestro cuerpo. Además de esto, presenta funciones fundamentales a nivel metabólico que, para el cumplimiento de las mismas, se hace indispensable el ejercicio físico constante (aquí explicamos dicho proceso).
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Los músculos y el estrés
Ante situaciones en las que nos vemos estresados, es decir, fuera de nuestro equilibrio interno y enfrentando necesidades, el organismo responderá activando mecanismos que induzcan ya sea el ahorro de energía y el descanso (activación del sistema parasimpático), o a la acción y al movimiento (sistema simpático), siendo comandados estos procesos principalmente por las glándulas hipófisis e hipotálamo. Ambas polaridades del funcionamiento del cuerpo humano implican al sistema muscular, si bien la activación simpática (pro-movimiento) suele ser la más relacionada con la actividad muscular.
Como mencionamos en la introducción de este artículo, es común que cuando te encuentras estresado y en momentos de crisis o emergencia, tus músculos se activan y se predisponen a la tensión, como preparándose para cualquier situación urgente que esté sucediendo o pueda suceder. Esta respuesta, es totalmente fisiológica y correcta.
Tensiones crónicas: estrés malo
Ahora, ¿dónde surge el problema? Cuando estas tensiones se vuelven crónicas y ya no sirven como respuesta ante una amenaza inminente. Sucede entonces que por un tiempo mayor de lo esperado, los músculos mantienen la tensión, consumiendo así mucha más energía y limitando el movimiento, además que podrán causarte dolor. De no resolverse esta situación se facilitará entonces que, progresivamente, aumenten las tensiones musculares en otras partes del cuerpo. Esto se debe a que, al limitarse un músculo, el resto de los músculos de dicha zona o plexo muscular se verán repercutidos. Además, estos síntomas crónicos no son fenómenos aislados, pues detrás de ellos se esconden irregularidades neuroendocrinas que están permitiendo este desperfecto, y es allí donde entra nuestro tema de la vinculación emocional con los músculos.
| Conoce las diferencias del estrés natural o fisiológico y el estrés crónico oxidativo |
Miedo y angustia
Al enfrentarnos en situaciones de riesgo, existen dos respuestas activas principales: o atacamos o escapamos. Pero para ambas estas contracciones son necesarias, por esta razón, las tensiones -sean situacionales o crónicas-, están vinculadas al miedo. Un miedo que en principio es sano pero luego se transforma en angustia y limitación de movimiento, produciendo lo contrario a lo que la tensión original estaba dispuesta a hacer. Esto es igual tanto para los que escapan (personas ansiosas y siempre preocupadas) como para los que atacan (que esconden su miedo con impulsividad y ego).
Psicólogos como Wilhelm Reich y Alexander Lowen que profundizaron en la bioenergética como campo de la ciencia, así como también la cultura yóguica de múltiples latitudes afirman que estas tensiones se deben a descargas no producidas en el momento en el que debieron producirse, y que esta descarga no es solamente física sino que viene acompañada con una descarga emocional guardada, y que debe ser tomada en conciencia para que el malestar ceda y la sanación regrese.

La falta contínua de movimiento y de ejercicio físico (llámese sedentarismo) es causa pero al mismo tiempo efecto de esta situación, pues nacimos para movernos y el hecho de que tantas personas se aguanten tantas horas al día estando sentadas ya sea conduciendo un coche, frente a un televisor o delante de un ordenador, es solamente posible (soportable) debido a que ya fueron acostumbradas a limitar su movimiento.
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Por esta razones es que en las distintas prácticas yóguicas, se realizan ejercicios y asanas que fundamentalmente, van dirigidos a la alineación del cuerpo y la reeducación postural. Esto quiere decir, regresar al cuerpo físico -y con ello a su musculatura- a su ubicación y condición original, como una analogía de la salud y del contacto con el ser primario verdadero. En la medida que en una práctica te des cuenta que adoptas una mayor flexibilidad y tus movimientos se hacen más refinados y agraciados, de la misma manera se estará comportando tu ser ahora a nivel psicoemocional. Tus angustias se reducirán porque los miedos por soltar podrás liberarlos.
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Sin embargo, cada cabeza y cada cuerpo son un mundo. Especialmente las disciplinas como el yoga, Taichí, Chi Kung, etc., no son consideradas deportes porque el objetivo de ellas no es competir con otros, no son una carrera (aunque el ego de muchos practicantes lleve a eso). Cada postura, cada secuencia, tu respiración y el comportamiento de tu mente durante la ejecución de cada una de ellas son primordialmente herramientas o signos para la auto-evaluación, auto-diagnóstico y el reencuentro con la identidad verdadera. Asimismo, ninguna clase será igual a la otra, puesto que a veces llegas más concentrado a una que a otras, o llegas más tenso y con menos flexibilidad (aunque esto también depende de la hora).
Exceso de relajamiento muscular
Esta clase de personas suele tener menos repercusión o difusión dentro del tema de las tensiones, puesto que las personas excesivamente relajadas difícilmente pasan momentos de gran tensión o estrés, debido -supuestamente- a que están desprendidas de muchas cosas que a otros seguramente les estresa por atender. Sin embargo, personas muy flácidas a nivel muscular, también corren riesgos como por ejemplo, a nivel circulatorio, como expresamos en este post de Mensajes del Alma. Entonces puede terminar siendo aliada de hipotensión arterial. Y de igual manera al grupo de los ‘estresados’, estas personas pueden ocultar tensiones en los músculos pero no se dan suficientemente cuenta puesto que, generalmente, son inactivos físicamente.
A nivel psicoemocional, patologías inclinadas hacia esta polaridad tienen relación con una persona evasiva de los desafíos y de la realidad más inmediata y fuerte. El miedo tiene otra 3ra. conducta subsecuente además de la huida y el ataque: el congelamiento (en inglés, freeze). Este tipo de personas en realidad no han trascendido el miedo sino que se han quedado perplejos ante él, y seguramente cuenta con una segunda persona que les resuelve las situaciones apremiantes.
Y tú… ¿Qué tipo de respuesta crees más frecuente en ti? Huir, atacar o quedarse quieto son respuestas naturales, pero las distintas molestias que tengas en tu cuerpo te dirán la verdad sobre tus formas de respuesta ante los asuntos más profundos de tu alma. Por eso, sincerízate, medita y una vez allí, podrás evolucionar a una conciencia superior más hermosa e integral.
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