En nuestro Centro de Terapias Naturales y Desarrollo Humano en Madrid, te acercamos el poder del contacto con la naturaleza para mejorar tu vida.

A través de la historia de la humanidad, las sociedades que ésta ha formado se han visto configuradas por distintas creencias, maneras y costumbres que han guiado sus pasos y definido su legado. Sin embargo, lo que siempre permanece a través del tiempo ha sido y será nuestra identidad y naturaleza: a pesar de la constante evolución de conciencia, mantiene siempre una semilla o esencia valiosa y que -sobre todo en momentos de álgidos cambios como ahora debemos reconocer para poder elevarnos y superar los desafíos.

Gran parte de esta esencia, puede ser descubierta tanto en la meditación y el yoga, como en contacto con nuestro origen y la aceptación de nuestras raíces, pues permites purificarte y discernir mejor la misión y necesidades de tu alma. Ahora bien, estas palabras tienen su fundamento tanto en las enseñanzas espirituales, como en la medicina y la ciencia. Son las siguientes:

La naturaleza y el yoga

Las prácticas yóguicas, prejuiciosamente, han sido asociadas en primer lugar hacia la India, a veces dentro de un marco religioso o pseudo-religioso que hacen fortalecer el paradigma de que es una práctica aduladora o pagana. Sin embargo, la globalización y la antropología cada vez ha abierto más los ojos ante la realidad que en muchas culturas del mundo, sólo que con distintos nombres, se ha dado paso al surgimiento de algún tipo de yoga, que en esencia es una tecnología o herramienta destinada a favorecer el despertar de la conciencia hacia una vida más saludable, santa, y atenta a los mensajes de las sincronías (‘casualidades’) para cada alma.

 

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Y es que, si bien la palabra yoga es de origen indio (significa ‘unión’ o ‘integración’), su esencia es compartida en culturas de todo el mundo. Prácticas como el Tai Chi Madrid y Chi Kung son algunos de los ejemplos (que extendemos en este artículo). Las enseñanzas de estas corrientes comparten que el hombre crea todo lo que ha creado como una necesidad de proyectarse a sí mismo y dejar una huella en el mundo, pero sólo la obra de quien se mantiene consciente de su origen y verdadera naturaleza puede prevalecer y volverse trascendente.

En el día de hoy, podemos evidenciar el fuerte impacto ambiental y social que ha dejado la humanidad en los últimos siglos, debido a la necesidad de desarrollar conocimientos y tecnologías para sobrevivir y superar desafíos. Sin desprestigiar el enorme beneficio que este legado nos ha dejad, ahora lo apremiante es que cada quien se encuentre a sí mismo y evolucione a un nivel de conciencia más ecológica, conectada a la naturaleza, tan sólo posible a través del auto-reconocimiento.

Por miedo a tantas enfermedades anteriormente incurables y aspectos de la naturaleza que no se conocían, las sociedades más desarrolladas se avocaron a distanciarse en lo posible de la convivencia con la naturaleza y por tal razón se construía un entorno civilizado, usando la Tierra para la producción de alimentos y bienes, pero sin la conciencia ecológica necesaria.

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Actualmente, el ‘primer mundo’ o los países con mayor desarrollo están viviendo con mayor impacto las repercusiones de esta vida sintética y alejada de la naturaleza, al consumir tantas comidas procesadas y sin un estilo de vida acorde con nuestro cuerpo humano.

Factores de estrés antropogénicos (creados por el mismo ser humano) que influyen sin darnos cuenta en la desconexión de ese contacto interior son:

  • Falta de ejercicio físico: Debido a tantas generaciones con gran esfuerzo físico, la civilización buscó una vida no sólo segura sino lo más cómoda posible. En muchos ha traído la desventaja del sedentarismo y el desarrollo de la llamada sobrecarga alostática, que favorece al estrés crónico y desgaste tanto en lo físico como en lo psicológico.
  • Exceso de estímulos estresantes virtuales: Hasta hace tan sólo 2 generaciones, nuestra psique estaba acostumbrada a reaccionar a estímulos estresantes inminentes y reales. En la sociedad civilizada actual, el exceso de información, proveniente desde distintas partes del mundo, no sólo desconectan -y mantienen desconectado- al individuo de la realidad inmediata sino que también agregan estresores de más ante los cuales no podemos hacer demasiado por solventarlos. Sin embargo, la reacción de alarma se mantiene como respuesta automática y el equilibrio interno se ve afectado en todas sus dimensiones.
  • Uso de aparatos electrónicos: Se ha demostrado que tan sólo el hecho de colocarse frente a la pantalla de un televisor o computador genera estrés tanto en niños como en adultos, no sólo en la vista sino a nivel psicológico. Especialmente en las noches, cuando el ser humano se desconecta de la naturaleza de sus ritmos internos y se mantiene por largas horas sin dormir. Esto también nos aleja del equilibrio si no lo moderamos lo más posible o lo erradicamos.
  • Falta de termorregulación: El uso de acondicionadores de la temperatura (ya sean aires acondicionados o calefacción) de forma contínua, ante cualquier alteración de la temperatura en el ambiente, impide al cuerpo generar procesos de adaptación que son necesarios para el correcto funcionamiento de, por ejemplo, la tiroides. Cuando alguien presenta problemas para adaptarse a la temperatura ambiente de manera permanente, es un indicador de problema de salud. Naturalmente, en casos de un fuerte frío invernal esta situación no aplica puesto que se hace necesario calentarse para sobrevivir, pero en casos no extremos es mejor conectarse con la temperatura de la naturaleza que te rodea más seguido. Así también puede desarrollarse una mejor conciencia ecológica sobre el calentamiento global.

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La naturaleza y la salud de nuestra inmunidad

Como ya mencionamos, cuando estamos en un entorno natural, lo más virgen posible, nuestro organismo se encuentra en su medioambiente original, dentro del cual nuestra especie ha convivido desde sus inicios evolutivos. La cercanía con la naturaleza, si bien puede causar estrés o situaciones de alarma, realmente facilita la aproximación del organismo a su fisiología natural, y específicamente en el caso de la salud inmunológica, produce variadas ventajas. Cabe recordar que nuestro sistema de defensa es uno de los más costosos de todo el organismo y su desequilibrio crónico sale muy caro para nuestra salud.

Desde la perspectiva bioenergética, nuestro sistema inmune está vinculado al cuarto chakra, también conectado al corazón y al amor. La abundancia del color verde presente en la naturaleza favorece psicológicamente a retomar la paz interior, encontrar el silencio y una actitud más meditativa.

Conoce más sobre los principales centros bioenergéticos y su asociación con nuestra salud.

Alimentos de origen

Cada generación ha encontrado distintos desafíos y la generación nuestra presenta una paradoja. Por un lado, se encuentra la llamada ‘falsa abundancia’ alimentaria de los países mejor posicionados económicamente, pues presentan gran diversidad de comidas para cada gusto pero sigue predominando el consumo de productos procesados, a pesar de las opciones naturales orgánicas y de cultivo orgánico que puedan encontrarse.

Por la otra parte, cada vez hay mayor dificultad en cuanto al acceso a alimentos, agua potable y recursos naturales en países apenas tomados en cuenta por los medios internacionales. Los niveles de deforestación tanto en el Amazonas sudamericano como en distintas partes del mundo es alarmante, y por ello es que es necesario expandir la conciencia ecológica, y con ella la revalorización del contacto con la naturaleza para asegurar el bienestar y la integridad de las generaciones venideras.

«Se el cambio que quieres ver en el mundo»

Mahatma Gandhi

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