| Explicamos algunos factores que fundamentan la importancia de la salud y paz mental durante el embarazo en un hijo feliz. |
El embarazo es un período crucial en el desarrollo óptimo de un bebé en cada una de sus dimensiones como ser humano, y por consiguiente, en el florecimiento de la armonía familiar. Durante este proceso, la conciencia que sea capaz de tomar la madre sobre su alimentación y ritmo de vida, salud emocional y paz espiritual es determinante y puede asegurar una gran cosecha de la pequeña semilla que se está sembrando. A continuación te mencionaremos como el bienestar o malestar de la madre afecta directamente el desarrollo del hijo dentro del vientre y cómo puede intervenir de por vida en el crecimiento del sujeto.
Cuando la mamá y el hijo son uno, también comparten emociones
Durante la etapa de embarazo, la madre comparte con su hijo en todos los aspectos de sí misma. Es un paréntesis en su vida durante el cual es co-protagonista de una simbiosis única y poderosa. De este proceso pueden devenir grandes transformaciones para la mujer como persona que podrán trascender dentro de sí misma más allá del embarazo y, de la misma manera, repercutirá en su bebé. Dentro de esta comunión, las dimensiones física y emocional están profundamente arraigadas y funcionando como una sola. Debemos recordar, que las emociones son conductas derivadas de procesos fisiológicos diversos (dependiendo de la emoción y la salud) completamente naturales, que conllevan una extensa gama de alteraciones bioquímicas. Estas alteraciones tienen efectos, por ejemplo, en la sangre de la madre que es directamente compartida con el feto y en la formación de las células en desarrollo que depende directamente de la salud de la madre y lo que ésta pueda aportarle correctamente.
Descubre la influencia de la salud emocional en el cuerpo físico en este otro articulo: «Sanar a través de las emociones« |
A continuación especificaremos los elementos más destacables desde la dimensión física y emocional, que al fin de cuentas, también es espiritual.
Estrés y flora intestinal del bebé
Estudios han encontrado el vínculo directo existente entre el estrés crónico de la madre y la calidad de la flora intestinal del feto. Antes de continuar con el tema, hay que recordar que el estrés es una reacción fisiológica natural y necesaria para permitir mantenernos en homeostasis, es decir, en equilibrio. El problema del estrés se encuentra al prolongarse por más del tiempo fisiológicamente correto, de 36 a 48 horas máximo (puedes extender esta información en este otro articulo: «¿La clave para tu salud? Un sistema inmunológico estable«).
Entonces, uno de los efectos en todos nosotros del estrés prolongado es el cambio de la flora intestinal. Ésta se entiende como el conjunto de bacterias y organismos menores presentes en el estómago e intestinos que colaboran en el proceso digestivo. Esta flora viene programada para presentar un equilibrio natural y que favorezca una óptima digestión. Cuando nos estresamos de más, uno de los efectos es el cambio de proporción de distintas floras bacterianas, produciendo el auge de algunas como la Helicobacter pylori, la principal causante de males como úlceras gástricas. Esto, sin embargo, no se debe sólo a la Helicobacter, sino a la previa acidificación indebida del ambiente gástrico e intestinal, que promueve la proliferación a niveles incorrectos de ésta y otras bacterias como la Escherichia coli, causantes también de alergias e intoxicaciones alimentarias, tanto en la madre como en el feto.
Además de estos efectos, la alteración de la flora intestinal vuelve deficiente distintas dimensiones de la digestión y la salud del bebé: dificultará la absorción de nutrientes, producirá o predispondrá a la permeabilidad intestinal y padecimientos como gastritis, cólon irritable y fallas en el desarrollo de distintos órganos como la piel y el páncreas, entre otros efectos de la fermentación que estas bacterias producen al proliferarse demasiado.
Para ir más allá de estos males y facilitar la salud óptima de la madre y el bebé, deben tomar conciencia de las emociones reprimidas o turbulentas, cuidar la alimentación, consumir probióticos (bajo supervisión médica), y/o dirigirte a hacer actividades que relajen los ejes de estrés descargando rabias guardadas, convirtiéndolas en voluntad y auto-empoderamiento para recuperar la armonía.
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La angustia y el baño de testosterona al cerebro
Desde, como mínimo, la octava semana de embarazo, se comienza a producir la diferenciación sexual del feto. Todos los humanos empezamos desarrollándonos durante las primeras semanas como mujeres, hasta el momento en el cual el gen SRY -perteneciente al cromosoma Y (que identifica el sexo de la nueva criatura)- se activa y comienza el proceso de diferenciación sexual. Además de la formción de las gónadas también se produce un ‘baño de testosterona’ hacia el encéfalo que empezará a redirigir el desarrollo del cerebro del feto, permitiendo que este pueda desarrollar las actitudes y patrones de conducta y pensamiento características de su sexo durante su vida.
Este proceso es totalmente normal y necesario. Ahora, el estrés crónico o la aparición de un evento traumático profundo, producen un baño ácido mucho más fuerte de esta hormona hacia el cerebro, trayendo como consecuencia la destrucción o deficiencias en el desarrollo del cuerpo calloso: haz de fibras nerviosas encargada de conectar ambos hemisferios cerebrales.
¿Cuál es la consecuencia de esto? El desarrollo del cuerpo calloso es vital para que el hombre pueda desarrollar una correcta conexión entre su hemisferio izquierdo (predominantemente lógico, matemático y proyectivo) y el derecho (intuitivo, artístico, comunicativo, social-territorial). Perder esta conexión alejará al hombre de sus facultades intuitivas y de comprensión emocional, necesarias para tener una óptica correcta de liderazgo y calidad (calidez) humana, además de ser un compañero empático para su mujer y sus hijos. Una sociedad con hombres avaros, con ambición de poder o con atracción por la violencia, arranca desde fenómenos como estos, pues nacen desconociendo la conciencia necesaria para actuar con sensibilidad.
Cabe destacar que, así como es afuera, es adentro. Con esto queremos decir que, así como este tipo de hombres crecen con poca sensibilidad con lo externo, asímismo pierden contacto con su ser interno, dejando a un lado o perdiendo la canalización consciente de su dimensión emocional y atenuando la sensibilidad necesaria para prevenir enfermedades antes de la aparición de síntomas más severos.
La depresión materna y la amígdala cerebral
La depresión clínica en la madre (tanto las medicadas como las que no saben que presentan este cuadro) conlleva a anomalías en el desarrollo de la amígdala cerebral durante el embarazo. Ésta es una región de nuestro cerebro encargada de comandar reacciones de rabia, miedo y huida. En un funcionamiento normal, la amígdala se activa para facilitar las respuestas necesarias para el alejamiento del peligro o lo que sea que produjera el desbalance. El desarrollo inadecuado de esta amígdala conlleva a una predisposición a transtornos de ansiedad y depresión en el bebé, pues lo condicionan a ser más reactivo ante cualquier estímulo, en vez de favorecer una conciencia intuitiva (recordamos que la amígdala cerebral se encarga de respuestas impulsivas) y capaz de gerenciar sus propias emociones.
El padre: ¡Parte de la solución!
Obviamente, debemos incluir la influencia del papá en este proceso. Es muy claro que la figura masculina debe encargarse de facilitar el equilibrio y bienestar en la madre, tanto desde la empatía emocional como del correcto sustento de recursos, siendo estos dos factores perfectamente vinculables a condiciones en su salud física, tanto por las que recién mencionamos (ej.: baño de testosterona), como por algunas otras que abarcaría un artículo más por completo. Lo que si debemos mencionar, es que factores como la depresión, el consumo de drogas y un estilo de vida y alimentación inadecuado dejan huella en su descendencia, al influir en la calidad de su esperma, la cual brinda la mitad de la información genética que dara forma al nuevo cigoto, y posible futuro bebé.

