¿Es siempre positivo decir lo que pensamos?
Desde nuestra más tierna infancia nos han dicho que diciendo la verdad, siendo sinceros, “se nos abrirán todas las puertas”; o que, diciendo la verdad: “llegaremos a cualquier parte”. Sin embargo, no siempre es así. Todos lo sabemos.
Aunque decir la verdad puede ser una buena fórmula para descargar complejos de culpa, tensiones o algo peor, remordimientos, por experiencia todos sabemos que además de tener las patas cortas, las mentiras solo atraen problemas.
Las personas que suelen mentir lo hacen por tres causas principales: para evitar reprimendas o castigos, para lo contrario: para ganar premios o lograr ganancias sobre nuestros semejantes o para evitar un escenario que no nos conviene.
Muchas veces, cuando mentimos, que todos lo hacemos y varias veces cada día, somos conscientes y evaluamos el impacto de la mentira. Hay mentiras piadosas, medias mentiras y mentiras horrorosas.
Es cierto, como dice el médico Alfred Adler, a veces nuestras verdades agreden, y no siempre acertamos diciendo una verdad, por muy verdad que sea. Según Adler, decir alguna mentira, siendo honestos, puede no ser tan bueno: “Se puede morir, incluso asesinar con la verdad”. Es lo que podríamos denominar como sincericidio, una palabra que no encontrarás en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Se trata de una variación psicológica para tratar el antónimo de sinceridad.
Una situación en la que mentimos es una situación que nos sobrepasa. Necesitamos controlar muchos aspectos de nuestra existencia, buscando el equilibrio. La sinceridad con nosotros mismos en fundamental para poder mantener la relación en ese punto de igualdad con los demás, con nuestra pareja, nuestros amigos, nuestros hijos…
En realidad, todas esas situaciones que nos conducen a decir mentiras se pueden evitar, y lo sabemos. No hablamos de las mentirijillas, hablamos de las mentiras que producen un efecto contrario a los demás, a quienes va enviada la mentira. En primer lugar, podemos evitar esa situación si nos conociéramos a nosotros mismos. La mentira siempre genera una deuda con nosotros mismos.

Si disponemos del tiempo, las ganas o la necesidad, en nuestro Centro del Barrio de Salamanca en Madrid, podremos llevar a la práctica esta fórmula deseable mediante la meditación, hatha yoga o yoga integral.
Lo sabemos, según algunos estudios afirman que podemos llegar a mentir más de 200 veces al día. ¡200 veces! Qué vértigo. Parece una exageración. Tampoco es tan difícil confirmarlo. Contémoslas… mejor no.
La verdad, el ser honesto, es un valor. Ofrece la posibilidad de mejorar nuestras relaciones, pero está demostrado que decir siempre la verdad no es la mejor opción para no crear un conflicto mayor que el desatino que provocó aquella.
Al fin y al cabo, las relaciones entre las personas se mantienen. Hay matrimonios que celebran sus bodas de oro y amigos que se cuentan desde la infancia. Quizá, en el equilibrio de la verdad y la mentira, de la sinceridad y del sincericidio, es lo que nos mantiene. Por que, como todos sabemos, a veces no queda más remedio que mentir… O no…
