Técnicamente, el Reiki es un conjunto de símbolos y técnicas de terapia natural basado en la imposición de manos, con el objetivo de facilitar la mejora o curación del cuerpo.

Las creencias de los pueblos desde donde procede el reiki, es que la enfermedad no es únicamente el efecto de una patología presente en el cuerpo del enfermo, sino también, y sobre todo, un mensaje que el organismo emite para “informar” a la mente de la existencia de un desequilibrio en la energía vital del ser humano.
Estas culturas comparten la idea, de que el plano físico no es el único que existe, con independencia de las creencias religiosas de cada persona, hay una energía vital que lo impregna todo. Esta energía mantiene el universo con vida, regulando su evolución y asegurando que el ciclo vital se repita de manera regular en todos los planos de la existencia.
Los flujos de energía que componen nuestros cuerpos crean, al entrecruzarse auténticos campos energéticos llamados Chakras. La palabra Chakra procede de un término sánscrito que significa rueda, y que indica el continuo girar de estos centros de energía en nuestros cuerpos sutiles. Nosotros trabajamos sobre los siete chakras mayores, que están situados a lo largo del eje central del cuerpo humano, desde la base de la columna vertebral hasta poco más allá de la cabeza.
Los terapeutas en Reiki, utilizamos nuestras manos y los símbolos para equilibrar el flujo energético en estos puntos, intentando ser una puerta abierta de está energía vital y trasmitirla de manera adecuada al paciente, siendo meramente observadores del proceso, ya que nunca debemos alterar el libre albedrío de cada ser humano.
La terapia Reiki es inocua y puede ser complementaría con otras terapias, pero nunca puede sustituir el tratamiento impuesto por un médico.